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Un pasillo siempre verde

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El Norte de Castilla. GPS

Doscientos kilómetros de ribera convierten al Canal de Castilla en un largo corredor donde disfrutar de la naturaleza y la historia.

La frustración que supuso que una infraestructura como el Canal de Castilla fuera superada casi inmediatamente por la llegada del ferrocarril en las últimas décadas del siglo XIX tuvo como consecuencia una larga agonía, producida a su vez por una utilización cada vez menor de todo el trazado. Una de las razones de esa larga agonía estaba en el enorme coste que suponía el mantenimiento de toda la infraestructura, imprescindible para que siguiera funcionando el sistema de navegación. El Canal requería de una abultada nómina de personal encargado del funcionamiento de las esclusas y un presupuesto siempre escaso para tener al día todas las instalaciones, limpieza de la vegetación o reparación de diques.
Pasado el momento de las barcazas, el Canal quedó, sobre todo, como un valioso recurso para hacer llegar el agua a los campos y poblaciones junto a las que pasaba, y aún hoy es fundamental para el abastecimiento de agua potable de ciudades como Palencia y Valladolid. Pero también quedó como un largo corredor verde rico en vegetación, siempre lleno de vida animal. La sensibilidad colectiva respecto a esta obra de ingeniería ha variado de nuevo en las últimas décadas, y aunque mucha de la infraestructura construida en su momento sigue al borde de un vergonzoso derrumbe, se han acometido, en algunas áreas, obras de consolidación que invitan a disfrutar de esta infraestructura excepcional.
Y las formas de hacerlo son sobre todo dos: por sus orillas o desde dentro. Una reciente intervención llevada a cabo a lo largo de todo su trazado ha recuperado los caminos de sirga que en su día existieron junto al Canal y que, en algunos de los tramos, habían desaparecido por completo comidos por la vegetación o los derrumbes. Gracias a ello es posible retomar, al menos en parte, el sueño de atravesar Castilla -a pie, en bicicleta o a caballo- llevando como guía el discurrir apacible de lo que un día fue imaginado como una auténtica carretera de agua. Además de asentar los caminos y despejarlos de vegetación, se han colocado carteles que ayudan a entender mejor el auténtico alcance que tuvo esta infraestructura.
Hacer el viaje por estos caminos de sirga es hoy más fácil que nunca. Basta con ponerse. La ausencia desniveles apreciables los hace asequibles a casi cualquier condición física. Aunque no todo el trazado cuenta con árboles, la abundante vegetación que suele prosperar en las orillas ofrece, sobre todo en verano, un apetecible refresco que aprovechan también pequeños animales y aves a los que es fácil sorprender. Además, la presencia cada pocos kilómetros de viejas infraestructuras, puentes y esclusas aderezan un recorrido que muchos emprenden ya con tanto fervor como las peregrinaciones a Santiago.
Pero el Canal puede disfrutarse también desde dentro emulando sensaciones que se acercan a las que sintieron los viajeros que en el siglo XIX lo usaron para trasladarse de unos puntos a otros. La forma más cómoda es tomar el barco Antonio de Ulloa que emprende sus recorridos desde la dársena de Medina de Rioseco para navegar por el interior de uno de los tramos más feraces del Canal hasta salvar la esclusa séptima del Ramal de Campos. La recuperación de esta esclusa permite a los viajeros vivir desde el interior del barco la experiencia del paso de un tramo a otro mediante el juego de niveles en el que se basa el sistema de esclusas.
DÓNDE DORMIR: Hotel Doña Mayor
Cuidado diseño, comodidad y armonía es lo que ofrece este alojamiento situado en pleno Camino de Santiago en el que todas las habitaciones son diferentes. También tiene un restaurante, La Esclusa. Dirección: Francesa 8. 686 466 962. Precio: desde 86 euros.

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