La Liturgia de los sabores del Camino. ¿Menú cerrado o carta?

No suele ser fácil la existencia de un restaurante en un pequeño hotel rural.
El restaurante tensiona al máximo unas cuantas horas del día mientras que el hotel te invita a atender en todo momento al viajero que se aloja en busca de paz y tranquilidad.
Por otro lado, mantener una carta representativa de los productos de la tierra y ofertarla a diario, requiere como mínimo un equipo de cuatro personas; si a esa cuestión le añades una ubicación rural y una temporalidad manifiesta, la existencia en el hotel de un restaurante abierto al público se complica bastante.
Quizá debiéramos funcionar bajo reserva con un único menú: basado en la tierra, acompañado de la tradición, con una elaboración compleja que evolucione con la perspectiva de satisfacer al que camina.
Tenemos que diseñar algo que nos posibilite cultivar la espera del amigo, la acogida al caminante, el sabor del Camino.
Debemos definir la sala con los parámetros de sobriedad de una iglesia románica, con el debido recogimiento y la armonía de un órgano barroco.
Cabe la posibilidad de que para los viajeros que pasen por nuestro restaurante sea más importante la Liturgia de los sabores del Camino que la capacidad de elegir entre 20 platos.
A participar, espero vuestros comentarios.¿Carta o menú cerrado?.
Niko Gutiérrez Saíz.








