Restaurante La Esclusa. Anhelo por la satisfacción.

Quisiéramos encontrar un motivo a la restauración del siglo XXI, intentar darle un significado específico al papel de un restaurante más en Frómista, nuestro pueblo. Llevamos meses dándolo vueltas y hemos llegado a algunas conclusiones.
Nuestra reflexión ha puesto en cuestión dos parámetros que en muchos casos no se tienen en consideración. El primero de ellos es el papel que ocupa un restaurante de hotel en la sociedad actual. Qué busca un ciudadano al que las nuevas tecnologías le ofrece la práctica totalidad de la información en un restaurante más. ¿Solo comer…?
Y el segundo bloque de reflexión es, sin duda alguna, cómo adaptar los aspectos de siempre –sala, atención y oferta gastronómica- a las demandas actuales.
No debemos olvidar, que no hace demasiados años, se iba a comer bien solamente a las bodas, y hoy, con toda seguridad, se come razonablemente bien en muchos restaurantes, y casi siempre mejor que en las bodas, ya que por lo menos tienes la capacidad de elegir.
Hasta hace unos años, comer en un restaurante abarcaba una gran parte de la cultura del ocio de nuestro país, hoy el ocio se ha diversificado y los “habituales” a restaurante son más exigentes, por lo que debemos incidir en una nueva cultural de restaurante, aspecto que pasa inexorablemente por sorprender a nuestro visitante.
Por otro lado, no solo es necesario dar bien de comer, cuestión obvia, debemos ser lo suficientemente hábiles para lograr la felicidad del comensal.
Debemos ser exigentes con la masificación, rompe la tranquilidad de una sala. Equilibrar perfectamente la sala con la capacidad de la cocina más romántica, debemos ponernos en el papel de nuestro amigo. Porque dar de comer , es un acto social, exige tener la convicción de que nuestro cliente –palabra odiosa- debe tener confianza en nosotros y eso significa que es necesario conseguir un espacio de cordialidad y complicidad con él.
La creación culinaria no debe ser extempore, debe ceñirse al entorno inmediato, a la temporada , a la tierra. La sala debe estar al dente. Y por último, debemos innovar, que en última instancia significa, romper con la dinámica de lo cotidiano con pequeñas cosas y que el viajero se las lleve como grato recuerdo.
Quizá debiéramos empezar a trabajar el restaurante experiencial.

